10.3.10

CULTURA
EMOCIONES ENCONTRADAS
10.03.10 - 00:32
RICARDO ROMANOS | TEATRO

Precisamente por estas fechas, aunque haga ya de ello la friolera de 45 años, se estrenaba en el entonces Teatro de E y D de la calle Los Baños 'Oración', una obra de Fernando Arrabal -por entonces una revelación poético-dramática demoledora, tierna y surreal- dirigida por la recordada Amparo Ros y maravillosamente interpretada por Isabel Ayúcar y Octavio Colis que, al poco, se fueron a Madrid a estudiar Arte Dramático. El teatrito, en aquellos tiempos en manos del sindicato único franquista, lo había sido de la CNT, central anarcosindicalista, y allí nos empezamos a cocer como actores y actrices algunos cuantos que todavía seguimos en ello. Pasaron los años, el teatro volvió a la CNT, los grupos, las compañías de aquí, se refugiaron allí. Y las nubes siguieron pasando. Hasta que llegó Jorge Padín de Madrid (un actorazo, un maestro y un estupendo director) y repitiendo una vez más el ciclo se guareció con su estupenda escuela teatral en el único lugar en Logroño y en toda La Rioja, y viva la CNT, donde los cómicos de aquí encontraron y encuentran techo y cobijo. Y un teatro. Capitidisminuido y tercermundista, sí, porque se juntan allí el hambre con las ganas de comer: los anarcos y los cómicos logroñeses, corazones de oro con dos cojones, toda una oración a la nada. Volví la otra noche, qué emoción. Jorge presentaba su trabajo cono director con una compañía logroñesa que con otro nombre ya nos había mostrado su estilo, sus ganas y su buen hacer: ojalá para mucho tiempo Teatro Des Clos, y yo volví a aquel Arrabal de los sesenta como en un tango empecinado en el ayer. 'Artistas o Bestias' se titulaba la joyita, un delicado espectáculo del que emanaban esencias y pantomimas de petit cirque, humores de cabaré literario y reminiscencias de aquel teatro polipoético y simbolista francés (del que tanto se nutrió precisamente Fernando Arrabal) y del que surgiría Le Vieux Colombier de Jacques Copeau y Charles Dullin, a quien tanto debía nuestro maestro Julio Castronuovo, otro que también nos trabajó la biomecánica, pelado de frío, en la calle Los Baños. Así que me lo pasé en grande con la sugerente, irónica, inteligente y ajustadísima propuesta de Padín-Des Clos y por muchas razones, además de las melancólicas: Porque me divirtió y me cautivó el texto de Padín y sus finas y exigentes maneras como director de escena; porque disfruté con la puntillosa, encantadora y entregada interpretación de Gemma Viguera y Fernando Moreno, exactos, atentísimos en su quehacer, Mujer bala, Hombre cañón; porque Martín Nalda les realizó un vestuario estupendo y porque todo estaba repleto de pequeñas exquisiteces teatreras, asomándose por entre ellas con sutil ironía las pasiones de Lorca, los imposibles de Shakespeare o las locuras de Lear: pasión por el teatro bien hecho, donde además se reflexiona sobre la vida y sus sueños, sobre el teatro, los cómicos y los suyos. Teatro pequeñín, enorme en su pequeñez. Precioso. Ah, el ambigú funcionaba y había ambientazo en el teatrito, ya, por fin, toda una sala alternativa al aplatanamiento del teatro oficial y a la desidia mostrenca de los subvencionadores de macroeventos y demás performances absolutamente dañinos para la salud mental de la ciudadanía. Estoy que trino de contento, esperando ansioso el segundo capítulo de esta historia de balas que no vuelan y cañones que no disparan. Salut les copains, gracias, compañeros.

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